El viernes, por imperativo casi legal, tuve que postrarme ante el televisor, algo cada vez menos frecuente en mí. Mal momento para hacerlo, documental sobre la crisis…
Me resulta bastante frustrante ver a hombres hechos y derechos a quienes se les llenan los ojos de lágrimas sólo de pensar en el hecho de tener que cerrar su empresa, forjada en muchos casos a base de horas y horas de trabajo, e imaginar como decirle a ese empleado, padre de familia, con el que lleva trabajando dos décadas, que no puede hacer frente a su nómina ni un solo mes más.
A mi juicio los dos principales motores de esta situación han sido la banca y los políticos, y no precisamente en ese orden por relevancia, al fin y al cabo la banca hace un poco lo que quiere y otro poco lo que le dejan.
Quizás más de un empresario durante las vacas gordas se haya olvidado de sus orígenes dejándose arrastrar por un nivel de vida demasiado elevado sin reparar en que los cimientos de su negocio no eran tan solidos como parecían, pero somos humanos, unos más que otros, pero al fin y al cabo humanos.
Las empresas de cobro a morosos se están poniendo las botas con la crisis. Qué otra solución le queda a un empresario que entrega un pagaré a su banco en cuanto éste comprueba que el nombre del pagador está escrito en color escarlata en sus registros? Los bancos, al más puro estilo Pilatos, hoy día no quieren saber nada de esos papelitos que otrora adoraban, y como no, acaban pagando los platos quienes siguen dando la cara y no desaparecieron a las primeras de cambio. Ante esta inseguridad, como respuesta, comienzan a desaparecer las financiaciones de obras que hace unos años se rifaban los veladores de nuestros ahorros.
Ahora viene la otra cara de la moneda, los morosos con mayúsculas, las ADMINISTRACIONES PÚBLICAS. Según el Instituto Nacional de Estadística la deuda, sólo de los Ayuntamientos, ascendía en 2008 a más de 25.000 millones de euros, y me voy a centrar en la de la administración local porque a buen seguro quienes tienen que percibir ese dinero ha de ser la pequeña y mediana empresa a la que ahora nos intentan hacer creer que van a rescatar con los ya tratados Fondos de Inversión Local y la excusa de crear o mantener empleo.
No se dan cuenta del empleo que en su día no se pudo crear o mantener por culpa de esa deuda?
En ese mismo programa salían empresarios cuyos deudores eran ayuntamientos y la única forma de seguir adelante con su actividad era cobrando milagrosamente alguna de las facturas “consistoriales”.
Hay ya muchas voces solicitando fórmulas para minimizar esa deuda, y que desde mi ignorancia creo que esta medida se debería de tomar antes de malgastar el dinero en obras carentes de necesidad.
Al final la inyección económica entra en las venas de los que parecen ser culpables de la situación, paradojas de la vida. Cada vez admiro más a mi madre al recordar como manejaba la economía de una familia numerosa con el sueldo de un obrero, nunca pensé que lo diría, pero quizás tendría que haber gente como ella en los ayuntamientos en lugar de tanto libertinaje amparado en presupuestos millonarios.
Que algún erudito en la materia me tranquilice, yo no veo más que una pescadilla mordiendo la cola.
Me resulta bastante frustrante ver a hombres hechos y derechos a quienes se les llenan los ojos de lágrimas sólo de pensar en el hecho de tener que cerrar su empresa, forjada en muchos casos a base de horas y horas de trabajo, e imaginar como decirle a ese empleado, padre de familia, con el que lleva trabajando dos décadas, que no puede hacer frente a su nómina ni un solo mes más.
A mi juicio los dos principales motores de esta situación han sido la banca y los políticos, y no precisamente en ese orden por relevancia, al fin y al cabo la banca hace un poco lo que quiere y otro poco lo que le dejan.
Quizás más de un empresario durante las vacas gordas se haya olvidado de sus orígenes dejándose arrastrar por un nivel de vida demasiado elevado sin reparar en que los cimientos de su negocio no eran tan solidos como parecían, pero somos humanos, unos más que otros, pero al fin y al cabo humanos.
Las empresas de cobro a morosos se están poniendo las botas con la crisis. Qué otra solución le queda a un empresario que entrega un pagaré a su banco en cuanto éste comprueba que el nombre del pagador está escrito en color escarlata en sus registros? Los bancos, al más puro estilo Pilatos, hoy día no quieren saber nada de esos papelitos que otrora adoraban, y como no, acaban pagando los platos quienes siguen dando la cara y no desaparecieron a las primeras de cambio. Ante esta inseguridad, como respuesta, comienzan a desaparecer las financiaciones de obras que hace unos años se rifaban los veladores de nuestros ahorros.
Ahora viene la otra cara de la moneda, los morosos con mayúsculas, las ADMINISTRACIONES PÚBLICAS. Según el Instituto Nacional de Estadística la deuda, sólo de los Ayuntamientos, ascendía en 2008 a más de 25.000 millones de euros, y me voy a centrar en la de la administración local porque a buen seguro quienes tienen que percibir ese dinero ha de ser la pequeña y mediana empresa a la que ahora nos intentan hacer creer que van a rescatar con los ya tratados Fondos de Inversión Local y la excusa de crear o mantener empleo.
No se dan cuenta del empleo que en su día no se pudo crear o mantener por culpa de esa deuda?
En ese mismo programa salían empresarios cuyos deudores eran ayuntamientos y la única forma de seguir adelante con su actividad era cobrando milagrosamente alguna de las facturas “consistoriales”.
Hay ya muchas voces solicitando fórmulas para minimizar esa deuda, y que desde mi ignorancia creo que esta medida se debería de tomar antes de malgastar el dinero en obras carentes de necesidad.
Al final la inyección económica entra en las venas de los que parecen ser culpables de la situación, paradojas de la vida. Cada vez admiro más a mi madre al recordar como manejaba la economía de una familia numerosa con el sueldo de un obrero, nunca pensé que lo diría, pero quizás tendría que haber gente como ella en los ayuntamientos en lugar de tanto libertinaje amparado en presupuestos millonarios.
Que algún erudito en la materia me tranquilice, yo no veo más que una pescadilla mordiendo la cola.


